Hace 10 años vivíamos lo más cercano a la democracia: el poder tambaleaba, se derrumbaba… ganaban los ciudadanos la calle, se organizaban. Las asambleas comenzaban a formarse, a buscar decidir y hacer, a debatir y construir… DESDE ABAJO.
Se vivió una crisis como ninguna otra: “Que se vayan todos!”. Por un momento se perdió el consenso social. El hatrazgo del abuso de la corporación política marcó una herida profunda en los ciudadanos de diferentes clases sociales. Los que tenían trabajo veían como sus pocos ahorros de toda la vida eran diluidos. Los que ya no podían más, que no toleraban su funesta indigencia se vieron obligados a tomar los supermercados y aprovisionar algo tan básico como el alimento.
A esto llamamos una Crisis Orgánica, es decir, que el sector dominante de la sociedad se ve sobrepasado por las clases dominadas y se rompe ese “equilibrio y orden”, que por cierto, siempre es injusto. El Estado envió sin dudas sus aparatos represivos -el cual dejó el saldo de decenas de muertos- como si éstos hiciesen que el hambre no se sienta o la angustia se transformase en alegría. Por su parte los medios de comunicación intentaban mostrar la fase menos importante del Que-se-vayan-todos y de las asambleas… solo mostraba lo necesario para tratar de mostrar que esto era un “salvajismo” y no un grito desesperado por cambiar las cosas.
Como era de esperar la corporación política supo leer el panorama y en la sucesión de presidentes todos fueron preparando el terreno y pensando “como recuperamos la confianza en nosotros los políticos ya que se nos acaba el curro si esto pasa a mayores”. Es así que termina con la llegada del ex presidente Kirchner recuperando la confianza de la gente que no es más que volver hacernos creer que ellos pueden decidir por nosotros y que podemos quedarnos tranquilos. Fue tan grande el desafío que todos los sectores de poder se unieron. Los multimedios apoyaban al gobierno y hacían negocios juntos y tomaban decisiones que “caerían” bien a una población sedienta de cambios pero no lo suficientemente lúcida para entender que estaban entrando nuevamente en lo que tanto repudiaban.
Se trataba de recuperar el consenso, la confianza en las instituciones. La corporación política y los sectores dominantes necesitaban a cualquier precio que vuelva el orden y que la gente se quede en su casa, tenga esperanzas, ponga el lomo, olvide sus ahorros, olvide su pobreza y asuma su indigencia. Y lo lograron de la mano de un astuto político sediento de recuperar el sistema.
El gobierno supo leer el peligro que suponen los ciudadanos organizados y en seguida se encargó de cooptar a los movimientos asamblearios y a las barriadas que empezaban a tomar control de su situación. A través de punteros, aparatos clientelares, amenzas, patotas y en otros sectores restableciendo la esperanza de que se venía un cambio. Esto acompañado de una selectiva operación de acercamiento a personas u organismos que le darían una legitimidad social; algunos con promesas, otros con dinero, otros con lugares en cargos públicos. Produciendo asi un ejercito de intelectuales organicos.
Hoy vivimos un país donde se jacta de “decirle no al FMI” pero no dice que se “los sacó de encima” luego de pagar 50mil millones de dólares. Vivimos un país que avanza con una ley “anti terrorista” cuyo único fin es la criminalización de la protesta social. Mañana los QOM que reclaman sus tierras serán terroristas, las asambleas que luchan contra las mineras seran “focos terroristas”, los obreros que luchan por su trabajo y deciden movilizarse podrían ser “terroristas”.
Después de 10 años de crecimiento a “tasas chinas” el país sigue con una pobreza estructural donde 25 nenes por día mueren por causas relativas a la falta de alimento, las villas miserias crecen en todo el país, los mecanismo democráticos no avanzan sino que retroceden, lo público se privatiza o se vuelve un brazo del partido dominante y se está escribiendo una historia a base de mentiras y mitos. Siguen muriendo personas en manos del Estado con sus mecanismos represivos, siguen desapareciendo personas… despertemos del letargo.
Por eso 10 años después… QUE SE VAYAN TODOS!!!
Gaston Sardelli.
Dejar de ser dependientes de un gobierno represor y casi se podria decir autoritario.Empezar a exprezar nuestras inquietudes y establecer la soberania del pueblo. Me gusto mucho tu opinión,estoy totalmente de acuerdo.
Una vez un señor llamado José Cibrian Campoy escribió una canción llamada “Pobre Pueblo” alusiva al gobierno de Calígula;la cual plasma exactamente tooodo lo que estás diciendo vos… A lo mejor te interesa escucharla… Esa obra (cuya historia se basa en un gobierno muchíiiiiiiismo más viejo que sólo 10 años) plasma exactamente todo lo que es capaz de hacer una persona enferma por el poder…. Y al igual que la Biblia, es adaptable a distintas épocas y con resultados lógicos siempre que se los quiera ver… No soy católica ni menos, pero no hace falta que salga fuego de la tierra para reconocer un Apocalipsis en su punto cúlmine ¿Verdad?… Los que no ven que sólo queda cambiar o cambiar es porque no lo desean. Triste.
No sabes si en Córdoba se esta organizando alguna movilizacion??