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Por cómo se dió el desarrollo de mi banda es muy difícil analizarla desde la lógica tradicional si uno quiere ser exacto. Cuando me preguntan en las entrevistas ¿Hace cuanto armaron la banda? Es una pregunta que no tiene una respuesta exacta. Somos tres hermanos que fuimos aprendiendo a la vez a tocar instrumentos y a ensamblarnos como partes orgánicas de algo que va más allá de la individualidad y que en un momento se convirtió en una banda de música.

No estamos educados en el pensamiento dialéctico que es una herramienta fundamental para interpretar la realidad. Nuestro razonamiento por lo general cae en las trampas de la lógica tradicional, útil para resolver algunas cuestiones prácticas pero insuficiente si se quiere reflexionar en profundidad. Eso nos lleva no sólo a que busquemos respuestas de una forma errónea sino también a que realicemos preguntas desde un enfoque lógico no dialéctico, entrando así en una imposibilidad de respuesta. Los invito a analizar unos casos muy simples y cotidianos.

¿Cuántos granos de arroz forman un montón? Estamos seguros que un grano no es un montón. Dos tampoco parecen serlo. ¿Diez granos son un montón? Calculo que no. ¿Cien? ¿Quinientos? Llegado un punto empezaremos a dudar cuando sí es un montón de granitos de arroz. Y probablemente en algún momento estemos seguros que sí es un montón. Pero será muy difícil determinar exactamente cuando unos granitos de arroz se transforman en un montón. Este simple ejemplo expone uno de los detalles fundamentales de la dialéctica: los cambios de cantidad y calidad. Pequeños cambios en la cantidad de granos, llegado un momento, darán un cambio de calidad donde podremos decir: hay un montón de granos.

En una ocasión muy linda en una charla con una mujer que estaba conociendo nos hacíamos chistes sobre las citas: “Esta es nuestra segunda cita”. Llegada la cuarta empezamos a perdernos en divagues filosóficos de cuando las citas dejan de serlo para ser otro tipo de vínculo entre nosotros dos. Es decir, cuando la acumulación de citas, que suponen una profundización en el conocimiento de uno y el otro, daría un salto superador, que podría ser el fin de las citas y ese tipo de relacionarse o el fin de las citas como tales pero el desarrollo de un vínculo superior de afecto y compañerismo. En cualquier caso, de prosperar las condiciones necesarias, la cantidad se transformaría en calidad (sea en ruptura o desarrollo). El desafío era saber ¿Cuántas citas son suficientes para suponer el cambio? Es un problema dialéctico, de movimiento y evolución y por lo tanto depende exclusivamente de los múltiples factores y circunstancias propias de cada individuo y su historia y  de su contradicción, la pareja que forman, que tiene sus propias características. Desde la lógica tradicional se esperaría “tantas citas… tal relación”. Pero ya pensando desde la dialéctica vemos que no existe tal respuesta.

¿Podemos decir con exactitud cuando dejamos de ser tres hermanos que tocaban canciones mientras aprendían a tocar sus instrumentos para ser una banda consciente de si misma donde de ser algo lúdico pasó a ser un proyecto musical? Pero esto lanza más preguntas por su propia naturaleza dialéctica: ¿Dejó de ser algo lúdico para ser enteramente un proyecto “profesional” o más bien se transformó en un proyecto profesional que encierra en sí mismo la necesidad de que tenga vivo algún carácter lúdico para que su desarrollo sea fiel a la necesidad de expresión de sus individuos? La contradicción  entre lúdico y profesional se desarrolla de manera profunda en el seno de la banda y termina siendo el motor que da cuenta de los diferentes cambios y a su vez delínean nuevas contradicciones.

De esta manera los pequeños cambios dados a partir de ensayos y búsqueda grupal y personal devinieron en algún momento en una transición de calidad, donde la banda que aún era y no era “una banda”, es decir, el todo, adquiere un carácter tal que es superador a la simple suma de las partes. Las cantidades devienen en un cambio de calidad. Y por supuesto, una ruptura de la banda, también significa un cambio de calidad. Porque calidad no se refiere a “algo mejor” sino a algo que tiene cualidades diferentes que van más allá de los cambios pequeños donde las propiedades del todo se mantienen iguales que las de las partes que lo integran. A su vez, la naturaleza dialéctica del desarrollo humano implica que el mismo hacer transforma al que hace y también a sus circunstancias, que luego operan sobre si mismo nuevamente, en una concatenación de procesos, lo cual significa que el aprendizaje, incluso el musical, aporta pequeños cambios que también darán en algún momento, un salto mayor en las propiedades y circunstancias de la misma banda y sus integrantes.

Por este motivo al ser una banda que se desarrolló en circunstancias no forzadas su punto de formación no es claro. Cualquiera de los que la integramos podríamos definirlo en lugares diferentes pero serían arbitrariedades. Es como ver en que punto la espalda deja de ser espalda y ya es el culo. Un centímetro más arriba. Un centímetro más abajo. Dependerá. En definitiva, es un problema dialéctico y el desarrollo de esta forma de análisis es la base para comprender la realidad y poder transformarla. Engels y Marx nos enseñaron como hacer de la dialéctica una herramienta revolucionaria, porque no es posible organizarse y luchar si no se tiene claridad de reflexión.