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El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) nace como coalición electoral en base a una serie de puntos programáticos anticapitalistas para hacer frente a las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (PASO). Esto es fundamental para comprender su desarrollo: es la respuesta a una ofensiva del Estado. Las PASO empujaron a los partidos a acercarse y formar el FIT. Es decir, no nace exclusivamente de la voluntad de armar un frente, sino de la necesidad impuesta por la realidad.

Los partidos que lo forman, el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), el Partido Obrero (PO) e Izquierda Socialista (IS), son los tres más importantes de referencia para la clase trabajadora. Cada uno con sus propias características y fuerza militante; de corriente trotskista. Una característica fundamental de su ADN: la construcción de un partido que sea capaz de guiar a la clase trabajadora a través de los distintos conflictos propios del capitalismo a su liberación y a la conquista del socialismo. El motivo por el que existen tantos partidos trotskistas y no uno unificado es porque, a pesar de compartir los fines, cuando se analiza la realidad y desarrolla las tácticas y estrategias, poseen diferencias que al ojo del trabajador no formado en la tradición marxista son diferencias sin importancia, mientras que para el militante que dedica tiempo de reflexión sobre el proceso histórico y el desarrollo de la lucha son fundamentales.

Ante todo, los que somos marxistas nunca debemos olvidar que los tiempos de la historia son lentos en relación a nuestro reloj biológico. Salvo momentos cruciales de quiebre y lucha intensa, pero que no son más que la acumulación de muchos otros procesos. No debemos despegarnos de la reflexión dialéctica, menos en estos momentos. Suele ser tentador caer en fórmulas esperanzadoras con las que luego, ante el primer cimbronazo de la realidad, uno se frustra. Tal es el caso de que el FIT irá a las PASO para definir su candidato a presidente, cuando los activistas de izquierda en general hubiésemos querido que no se utilice ese mecanismo que tanto repudiamos por proscriptor y antidemocrático (tampoco seamos hipócritas y recordemos que las elecciones en general son proscriptivas y antidemocráticas al estar totalmente bajo control y financiamiento de la burguesía con sus aparatos, medios y Estado). Pero es fundamental que estas cuestiones nos permitan ahondar en nuestra reflexión sobre la lucha de clases y cómo nos posicionamos.

En mi opinión no podemos –por ahora y solo por ahora– esperar mucho más del Frente de Izquierda de lo que es hoy en día: un frente electoral con un programa anticapitalista de unos cuantos puntos, suficientes para ser un punto de partida, pero que aún no tiene un desarrollo en conjunto. Pero, repito, solo por ahora, ya que apostamos a una superación y construcción. No minimicemos este paso fundamental de acercamiento de estos partidos por “la cuestión electoral”, porque conocemos su trayectoria de lucha clasista y no se trata de un rejunte como ocurre en los partidos patronales y centroizquierdistas.

Sabemos que los tres partidos reúnen las características de militancia clasista anticapitalista más importante del país. En suma, ponen el cuerpo en los conflictos de clase, poseen una enorme cantidad de centros culturales y locales, presencia en sindicatos, comisiones internas y fábricas, presencia en el sistema educativo, presencia en medios, desarrollo de polos audiovisuales, editoriales y la capacidad de movilización hace de estos partidos –por ahora en un frente– un germen fundamental para un gran bloque que albergue y potencie toda fuerza militante anticapitalista. Es decir, tienen capacidad de lucha en todos los aspectos, incluyendo obviamente las elecciones democráticas. Aunque estas sean una herramienta de dominación burguesa, no debemos regalarles espacios a los partidos afines o reformistas del capitalismo, porque también se da batalla en ese plano donde las masas acuden cada dos años a expresar su voluntad política, con o sin conciencia de clase.

Sin caer en un análisis simplista ni reduccionista, pero con la intención de que sirva para llevar adelante una reflexión sobre las dinámicas del frente, podemos preguntarnos si la más básica conjetura dialéctica tiene su lugar en este proceso. Si el Frente de Izquierda es el inicio de un largo camino a la construcción de un partido revolucionario de masas, capaz de canalizar y desarrollar los conflictos donde la clase trabajadora será la protagonista, brindando así la herramienta fundamental para combatir el capitalismo, podemos preguntarnos: ¿son los partidos que lo componen la principal contradicción del FIT? ¿Los partidos están dispuestos a construir un Frente que culminará en un gran partido (es decir, su negación) que tendrá la disolución de los partidos actuales en tendencias internas? Esta naturaleza dialéctica, ¿no explica esa resistencia y tensión entre las fuerzas internas del FIT, así como la relación entre éstas y la construcción misma del frente?

Si todo sale bien, y los militantes de estos partidos hacen las cosas “bien”, es decir, ponen la lucha de clases por sobre cualquier otra cuestión, cualquier sectarismo o fetiche, en unos años, muchos o pocos, estaremos celebrando la disolución de los partidos que hoy integran el frente, así como la transformación superadora del mismo en una herramienta de lucha de los trabajadores en cuyo interior se albergará las distintas tendencias que forjan la emancipación incondicional de los trabajadores.

Hoy exhibe sus enormes limitaciones, como la incapacidad de definir las candidaturas o como esa mezquindad que puede verse en algunas ocasiones respecto a potenciar la popularidad de los cuadros del partido que no le es propio –que bien pueden ser diferencias políticas de fondo–, pero también debemos ver sus potencialidades como construcción política, que tenderán a fagocitar esas debilidades y contradicciones al calor de la lucha de clases.

Por esto el FIT hoy es nada y es mucho. De la misma manera que una semilla no es un árbol, pero cuidala y tarde o temprano lo será. Yo apuesto, no por azar, sino por reflexión, por ese “mucho”, por esa semilla que es algo concreto y no un “mucho” en abstracto. Todos los trabajadores tenemos la tarea de militar para y por el Frente de Izquierda y hacernos parte de él más allá de los tres grandes partidos que lo integran sin que eso no implique potenciar sus desarrollos como partidos revolucionarios y dar dinamismo a esta contradicción que motoriza el proceso. Si todo sale aún mejor, activistas de toda la región verán esta experiencia y sus conquistas, potenciando nuestra meta internacionalista de articular la lucha conjunta más allá de las fronteras.

Gaston Sardelli. Trabajador en el arte.

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