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Antes de hablar del “voto útil” repasemos muy brevemente un concepto clave: ¿A que clase pertenezco? En primer lugar vamos a simplificar la cuestión a dividir la sociedad en las dos clases más importantes: la clase capitalista y la clase trabajadora.

La respuesta es muy sencilla: si sos de las personas que tienen que trabajar sí o sí para poder vivir, perteneces a la clase trabajadora. Si tenés que cobrar una jubilación para poder vivir también sos de la clase trabajadora. Si estudias y no trabajas pero tus viejos te tienen que ayudar y ellos si tienen que trabajar sí o sí, entonces, también sos de la clase trabajadora. Si trabajás y estudias, también. Si no tenés trabajo y/o recibís algún plan social también sos de la clase trabajadora. Si tenés un kiosko de barrio, un pequeño emprendimiento como un taller, u otra actividad que requiera que trabajes como el resto pero que vos seas tu mismo patrón, también perteneces a la clase trabajadora. Puede que tengas un trabajo y que ganes $20.000 y eso no quiere decir que no seas de la clase trabajadora. Todo depende de como te ganás el dinero.

Por el contrario si vivís de alquileres inmobiliarios, si sos CEO de una gran empresa, si sos accionista de sociedades anónimas, si tenés enormes extensiones de campos, si podés vivir sin trabajar y solamente administrando tu capital o si sos de esos que hacen negocios millonarios, entonces, perteneces a la clase capitalista.

Esto que es muy elemental parece no ser tenido en cuenta en las elecciones. El motivo es sencillo: las masas tienen una pésima conciencia de clase. Es decir, no son conscientes de que tienen un lugar concreto dentro de la sociedad que se divide, principalmente, en estas dos grandes clases.

Con la cuestión “el pueblo”, “el ciudadano”, que se baja desde los medios de comunicación y escuela, se borra esta realidad fundamental de la sociedad haciendo como que “no hay conflicto entre las clases” o peor aún “las clases no existen más que en diferentes categorías de ingresos”. Entonces no se categoriza por su relación entre empresario-trabajador y como obtiene cada uno su dinero, sino que se lo hace en función de cuanto dinero gana. Así un trabajador que gana un “buen sueldo” pierde noción de que aún en diferente situación también es explotado. Entonces el trabajador precarizado, que no llega a fin de mes con su salario de miseria, piensa que si consigue un aumento su condición de explotado deja de existir. De esta forma tan sencilla el sistema borra en la conciencia del trabajador a qué clase pertenece y le quita la perspectiva política de buscar una solución real y permanente.

Si esto no lo tenemos claro mucho menos podremos hacerlo respecto a qué es un “voto útil”. Porque lo que es útil a un banquero no le es útil a un laburante. La democracia actual, a pesar de ser una democracia anti obrera dado que el Estado y todas sus instituciones están desarrolladas en función de poder defender y administrar los negocios de los ricos, nos da la posibilidad de llevar alguna lucha al campo electoral que por supuesto NO PODEMOS DESPERDICIAR. No porque pensemos que terminaremos con este sistema barbárico mediante las elecciones sino porque hay que disputar el poder en cada espacio del sistema: en los sindicatos, en las fábricas, en los medios, en la cultura, en las elecciones, en los organismo educativos, etc. Las elecciones en este sistema no son más que el mecanismo impuesto por el capitalismo para legitimar y justificar su explotación. Pero aún así no se la dejemos servida! Obviamente este sistema es mejor que una dictadura o que el feudalismo! Pero eso no quita que avancemos en la historia con el fin de continuar el desarrollo social donde un sistema sucede a otro como ha ocurrido desde que el hombre formó sociedades.

Continuar el desarrollo de la historia implica llevar a la clase trabajadora, que es la que pone todo el trabajo y por lo tanto genera toda la riqueza que existe, al control de la sociedad que hoy está dirigida por la clase dominante capitalista. Eso obviamente es una tarea muy complicada. No se logra con un voto sino con una revolución porque, como la historia nos ha mostrado, ninguna clase que haya ejercido el poder sobre otra se retira por las buenas: aplasta a todo aquel que se le interponga. En América Latina vimos como durante la segunda mitad del siglo XX ante el peligro del desarrollo de la clase trabajadora como opción de poder, el capitalismo, impuso dictaduras militares para borrar cada elemento subversivo que suponga un “peligro” para el sistema. A pesar de ello la clase trabajadora se va rearmando y aprendiendo de todo lo ocurrido. Por eso es fundamental formarnos intelectualmente para desarrollar las estrategias correctas. La expresión de ese desarrollo se la ve en la evolución de su organización política: “somos de la clase trabajadora y nos organizamos en nuestros propias organizaciones políticas con perspectivas de que nuestra clase sea la que dirija la sociedad y no los banqueros y corporaciones que lo hacen a través de sus políticos”.

Entonces cuando llegamos a este pensamiento vemos que tenemos que avanzar en todos los espacios, estar coordinados y apoyarnos para hacer de nuestro gran número un huracán imparable. El principal “poder de fuego” de la clase capitalista está en el Estado. Por eso también hay que lograr estar allí para desarticularlo, porque cada espacio que ocupemos sirve para quitarle poder a sus políticos o usarlo en su contra. Por ejemplo los legisladores pueden utilizar la visibilidad que le da ese cargo para agitar las consignas de los trabajadores, boicotear ataques o luchar por conquistas en derechos en el plano legal. Obviamente esto de nada sirve si a la vez no hay una organización por fuera que se movilice, realice asambleas, se manifieste ante los ataques y despidos, etc. Imagínense que si eso no ocurriese ¿Qué poder real tienen esos representantes de los trabajadores? Ninguno. Por eso la organización política de los trabajadores no es algo separado de su clase sino algo que se desarrolla en la medida que esta incrementa su conciencia a la vez que, su misma organización también es una herramienta que genera conciencia.

Por eso debemos participar y tener nuestro partido político. Entonces ya no importa quien gana una elección sino que desarrollo logramos para nuestras herramientas políticas de clase. A veces sucede que pensamos “nunca vamos a ganar, mejor votemos al menos malo, que sabemos que es un corrupto que gobierna para los que con millones de dólares financian sus campañas pero el otro es un poco peor” y abandonamos entonces nuestra perspectiva de clase y perdemos tiempo vital para el desarrollo de nuestras organizaciones en base de un posibilismo absurdo. Si no construimos, nunca seremos una alternativa. ¿Cuánto más vamos a esperar para sumarnos a los que la vienen luchando?

Ahora sí podemos preguntarnos ¿Qué es el voto útil? ¿Para quien es útil tal voto y no otro? La respuesta es muy sencilla: para un trabajador el voto útil es aquel que sirve para el desarrollo político de su propia clase, en otras palabras, el voto a aquellos luchadores activistas pertenecientes a la clase trabajadora que han demostrado con su militancia que no se han vendido al mejor postor y que ponen su vida al servicio de la creación de un partido político capaz de ser la punta de lanza de la clase trabajadora. Ese partido, organización o frente debe ser siempre revolucionario, es decir, ser consciente que la clase opresora no va a decir “nosotros, Monsanto y Barrick Gold, hemos sido muy injustos, uds tienen razón… les devolvemos los recursos y pagaremos sus tratamientos por las enfermedades causadas por el cianuro y glifosato”, ni Lear dirá “facturé 13mil millones de dólares en un año, está bien, voy a tomar más trabajadores en lugar de despedirlos”. De esa forma cuando el conflicto de intereses entre las clases sea irreconciliable no buscaremos reforma posible que mantenga a la clase capitalista sobre la trabajadora sino que directamente iremos a una revolución que pondrá al frente de la sociedad a los trabajadores. Pero antes de llegar a esa instancia debemos crecer en nuestras organizaciones políticas sino, cuando ocurra el derrumbe, nos pasarán por arriba y profundizarán la miseria. Recordemos el 2001. Del que “se vayan todos” terminaron quedándose todos porque no hubo organización de la clase trabajadora capaz de llevar adelante un cambio profundo. ¿Volveremos a regalarles oportunidades a los bancos, multinacionales y sus socios locales?

En el escenario actual de la Argentina del 2015 de las 6 fuerzas que se presentan en las elecciones 4 son representantes de la clase capitalista. 1 “progresista”, que solo busca la “reconciliación” entre las clases, es decir, busca un capitalismo “tranqui”, cosa que NO EXISTE y termina siendo un alivio para la clase capitalista en momentos de convulsión, y por último el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) que está integrado por tres partidos revolucionarios y apoyado por otros tantos que no pudieron superar las antidemocráticas PASO.

Entonces el voto útil en estas elecciones es al Frente de Izquierda, a menos que vos seas un capitalista, y que luego de leer esto estés viendo como va la bolsa de valores, o si exportas 50000 toneladas de soja, o si las torres que estás construyendo en Puerto Madero ya están vendidas. Lo que importa es avanzar, aunque sea despacio, a esa meta de ser expresión política consciente de la clase trabajadora. Si mediante alguna estrategia logran convencer a los trabajadores de que el voto útil es aquel que sirve para cambiar un monigote del capitalismo por otro basándose en aritméticas electorales que no tienen nada que ver con las divisiones reales dentro de la sociedad, logran sin duda, un suicidio de clase donde los que ganan son los narcos, corruptos, bancos y corporaciones, y termina pagando las crisis.. la única clase que trabaja ¿Cómo? Con ajustes, despidos, inflacion, militarización, narcotráfico y lavado de dinero, limitando derechos históricamente adquiridos por los trabajadores, etc.

Vamos a sumar concejales, legisladores y a potenciar la lucha por intendencias, gobernaciones y presidencia. ¡Seamos en estas elecciones la cuarta fuerza política! ¡Conquistemos bancas en el congreso! ¡Tenes todo por ganar y nada por perder! ¡Vamos el Frente de Izquierda y de los Trabajadores!

Gaston Sardelli

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) nace como coalición electoral en base a una serie de puntos programáticos anticapitalistas para hacer frente a las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (PASO). Esto es fundamental para comprender su desarrollo: es la respuesta a una ofensiva del Estado. Las PASO empujaron a los partidos a acercarse y formar el FIT. Es decir, no nace exclusivamente de la voluntad de armar un frente, sino de la necesidad impuesta por la realidad.

Los partidos que lo forman, el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), el Partido Obrero (PO) e Izquierda Socialista (IS), son los tres más importantes de referencia para la clase trabajadora. Cada uno con sus propias características y fuerza militante; de corriente trotskista. Una característica fundamental de su ADN: la construcción de un partido que sea capaz de guiar a la clase trabajadora a través de los distintos conflictos propios del capitalismo a su liberación y a la conquista del socialismo. El motivo por el que existen tantos partidos trotskistas y no uno unificado es porque, a pesar de compartir los fines, cuando se analiza la realidad y desarrolla las tácticas y estrategias, poseen diferencias que al ojo del trabajador no formado en la tradición marxista son diferencias sin importancia, mientras que para el militante que dedica tiempo de reflexión sobre el proceso histórico y el desarrollo de la lucha son fundamentales.

Ante todo, los que somos marxistas nunca debemos olvidar que los tiempos de la historia son lentos en relación a nuestro reloj biológico. Salvo momentos cruciales de quiebre y lucha intensa, pero que no son más que la acumulación de muchos otros procesos. No debemos despegarnos de la reflexión dialéctica, menos en estos momentos. Suele ser tentador caer en fórmulas esperanzadoras con las que luego, ante el primer cimbronazo de la realidad, uno se frustra. Tal es el caso de que el FIT irá a las PASO para definir su candidato a presidente, cuando los activistas de izquierda en general hubiésemos querido que no se utilice ese mecanismo que tanto repudiamos por proscriptor y antidemocrático (tampoco seamos hipócritas y recordemos que las elecciones en general son proscriptivas y antidemocráticas al estar totalmente bajo control y financiamiento de la burguesía con sus aparatos, medios y Estado). Pero es fundamental que estas cuestiones nos permitan ahondar en nuestra reflexión sobre la lucha de clases y cómo nos posicionamos.

En mi opinión no podemos –por ahora y solo por ahora– esperar mucho más del Frente de Izquierda de lo que es hoy en día: un frente electoral con un programa anticapitalista de unos cuantos puntos, suficientes para ser un punto de partida, pero que aún no tiene un desarrollo en conjunto. Pero, repito, solo por ahora, ya que apostamos a una superación y construcción. No minimicemos este paso fundamental de acercamiento de estos partidos por “la cuestión electoral”, porque conocemos su trayectoria de lucha clasista y no se trata de un rejunte como ocurre en los partidos patronales y centroizquierdistas.

Sabemos que los tres partidos reúnen las características de militancia clasista anticapitalista más importante del país. En suma, ponen el cuerpo en los conflictos de clase, poseen una enorme cantidad de centros culturales y locales, presencia en sindicatos, comisiones internas y fábricas, presencia en el sistema educativo, presencia en medios, desarrollo de polos audiovisuales, editoriales y la capacidad de movilización hace de estos partidos –por ahora en un frente– un germen fundamental para un gran bloque que albergue y potencie toda fuerza militante anticapitalista. Es decir, tienen capacidad de lucha en todos los aspectos, incluyendo obviamente las elecciones democráticas. Aunque estas sean una herramienta de dominación burguesa, no debemos regalarles espacios a los partidos afines o reformistas del capitalismo, porque también se da batalla en ese plano donde las masas acuden cada dos años a expresar su voluntad política, con o sin conciencia de clase.

Sin caer en un análisis simplista ni reduccionista, pero con la intención de que sirva para llevar adelante una reflexión sobre las dinámicas del frente, podemos preguntarnos si la más básica conjetura dialéctica tiene su lugar en este proceso. Si el Frente de Izquierda es el inicio de un largo camino a la construcción de un partido revolucionario de masas, capaz de canalizar y desarrollar los conflictos donde la clase trabajadora será la protagonista, brindando así la herramienta fundamental para combatir el capitalismo, podemos preguntarnos: ¿son los partidos que lo componen la principal contradicción del FIT? ¿Los partidos están dispuestos a construir un Frente que culminará en un gran partido (es decir, su negación) que tendrá la disolución de los partidos actuales en tendencias internas? Esta naturaleza dialéctica, ¿no explica esa resistencia y tensión entre las fuerzas internas del FIT, así como la relación entre éstas y la construcción misma del frente?

Si todo sale bien, y los militantes de estos partidos hacen las cosas “bien”, es decir, ponen la lucha de clases por sobre cualquier otra cuestión, cualquier sectarismo o fetiche, en unos años, muchos o pocos, estaremos celebrando la disolución de los partidos que hoy integran el frente, así como la transformación superadora del mismo en una herramienta de lucha de los trabajadores en cuyo interior se albergará las distintas tendencias que forjan la emancipación incondicional de los trabajadores.

Hoy exhibe sus enormes limitaciones, como la incapacidad de definir las candidaturas o como esa mezquindad que puede verse en algunas ocasiones respecto a potenciar la popularidad de los cuadros del partido que no le es propio –que bien pueden ser diferencias políticas de fondo–, pero también debemos ver sus potencialidades como construcción política, que tenderán a fagocitar esas debilidades y contradicciones al calor de la lucha de clases.

Por esto el FIT hoy es nada y es mucho. De la misma manera que una semilla no es un árbol, pero cuidala y tarde o temprano lo será. Yo apuesto, no por azar, sino por reflexión, por ese “mucho”, por esa semilla que es algo concreto y no un “mucho” en abstracto. Todos los trabajadores tenemos la tarea de militar para y por el Frente de Izquierda y hacernos parte de él más allá de los tres grandes partidos que lo integran sin que eso no implique potenciar sus desarrollos como partidos revolucionarios y dar dinamismo a esta contradicción que motoriza el proceso. Si todo sale aún mejor, activistas de toda la región verán esta experiencia y sus conquistas, potenciando nuestra meta internacionalista de articular la lucha conjunta más allá de las fronteras.

Gaston Sardelli. Trabajador en el arte.

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